Ya había pasado muchas veces frente al Capitolio, en mis caminatas o en carro, de día o de noche, por La Habana. La gira por el Capitolio no era, particularmente, uno de mis deseos. Pero era una ofensa a mis amigos no hacerla. Ya faltaban pocos días para mi regreso a Venezuela y no había ido. Era tiempo de jugar más al turista y menos al visitante.
Y ya que hablamos de caminatas de noche: no pude quitarme la sensación de peligro que desdichadamente hace que nos mantengamos alerta al tener que andar de noche por la calles de Venezuela. Hasta pena me daba que mis acompañantes se pudieran dar cuenta de mi alarma al sentir pasos detrás de nosotros, o de las miradas de prevención hacia los rincones menos iluminados. Confieso que sentí envidia de la confianza con que andan los habaneros, a cualquier hora por su bella ciudad.
Y ni siquiera es por una excesiva presencia policial en las calles. Más bien esa presencia no es notoria, más allá del paso de una perseguidora (carro patrulla) o agente policial en una esquina.
De todas maneras, ocasionalmente, me contaron, hay turistas que han sido victimas de carteristas. Es cosa de tomar prevenciones corrientes. Lo que si no se han reportado son casos de asalto con heridos o muertos.
Este día lo dedicamos, a visitar el Capitolio, subir sus escalinatas, que son impresionantes, caminar por su frente, que me pareció tener como tres cuadras de largo y conocer las partes del interior que son accesibles al público.
El Capitolio de La Habana ocupa una inmensa manzana en El Paseo de Martí, o Paseo del Prado, como prefieren llamarlo algunos habaneros. Al frente, en su parte central tiene unas escalinatas con estatuas a los lados en la parte superior.
Al subirlas, se llega al atrio, que es impresionante, por su magnitud y la altura de su parte techada y también por las tres grandes puertas de bronce que dan acceso al interior. Remata la parte central del edificio, la cúpula del Capitolio, visible desde muchos sitios de La Habana, algunas noches la iluminan, y sirve de punto de referencia para los noctámbulos. A ambos lados de esta escalinata, hay unas columnatas, muy altas, también.
En el interior del Capitolio, se puede visitar la sala de asambleas, enorme. Hoy en día se utiliza como centro de convenciones. Se accede a los salones interiores por una escalera interna rodeada de columnas. Por todas partes el marmol resalta en los pisos, paredes y esculturas.
En el Salón de los Pasos perdidos está la estatua que representa a la República de Cuba. Es la escultura bajo techo más grande del continente. Mide 17 metros y está hecha de bronce con oro laminado de 22 kilates. Le pedí a una visitante que posara para denotar el tamaño de la estatua en la foto que tomé.
En el centro del Salon de los pasos pérdidos, justo bajo la Cúpula, incrustado en el piso, hay un diamante de no se cuantos carates que, teóricamente marca el Kilometro cero de Cuba.
La vista del interior de la Cúpula, por si sola, vale el esfuerzo de visitar el Capitolio, subir las escaleras y caminar sus amplias instalaciones. Pero debo decir algo que no me agradó mucho: como el Capitolio funciona como Centro de Convenciones, algunos de sus salones tienen exposiciones y ventas de souvenirs. La mayoria son de buena calidad, pero me parece que le resta algo a lo majestuoso del edificio. Espero que los panas de Cuba no se pongan bravos cuando lean esto último.

By JACOBOPAZ
Para tomar esta foto tuve que hacer equilibrio para no enredarme con las cuerdas que resguardan al diamante del kilometro cero.
Los jardines interiores son muy atractivos y están muy bien cuidados, como el resto del edificio.
De lo alto de las escalinatas se aprecia una buena vista del Paseo de Martí y de los edificios adyacentes. En una de las fotos que les dejo, aparece uno de los buses articulados con que han sido sustituidos los pintorescos, para los turistas, pero incomodos, para los habaneros, “camellos”, remolques acondicionados para el transporte urbano en La Habana durante el período especial, después de la caída de la Unión Sovietica. Fue una de las cosas que no pude hacer en Cuba: montarme en “camello”. Me tuve que conformar con trasladarme en los “articulados”, que siguen siendo llamados “camellos”; el poder de la tradición oral, y en los otros buses, iguales a los de cualquier país del mundo. Hubo otras cosas que no pude hacer en este viaje. Y cosas que no quise hacer. Ya les contaré.

By JACOBOPAZ
Por cierto, la pluma de grua que se ve en la foto, es de los trabajos de restauración de las edificaciones de la Habana Centro

By JACOBOPAZ
Al salir del Capitolio, pasamos una vez más por una placita donde en el cruce del Paseo Martí con San Martín frente al Centro Gallego, cuando nos dirigíamos a comernos unas pizzas en uno de tantos restaurantes populares de la avenida Monserrate. Me encanta el sabor de las pizzas que hacen en Cuba.















